Poesía

Acércate más, que tu oído roce mis labios

Acércate más, que tu oído roce mis labios, y que tus labios vivos se vayan muriendo de ganas de rozar los míos, que ahora están rozando tu oído. Quédate callada, es demasiado mágico el silencio de esta caminata por el azar y el sexo. Quizás más tarde tu lengua se roce con mis labios, que ahora están en tu oído y tu mano me acaricia el pelo como si fuese nieve. Ahora yo toco el borde de tu boca con los dedos de mi mano, que está vacía, y separo mis labios de tu oído, que ahora está caliente y tibio, y entonces rozo mi mejilla con la tuya como queriendo poner mi cara en frente de tu cara y jugar al cíclope, y ambos meternos dentro de lo que es la mirada del otro. Mi mano sigue en tu boca, en el borde de tu boca y avecino la llegada del beso por el horizonte de tus ganas, de tus ganas y mis ganas porque somos el cíclope y el tacto de mi mano en tu cara, o tal vez ya son mis labios con tus labios porque siento el olor que mi mano dejó en tus labios entrar dentro mío y entonces es cuando yo, mi lengua, entro por tu boca, con mi lengua entro por tu boca y a la par tú haces lo mismo, entras en mi boca y ambos sentimos peces y flores, movimientos vivos y entonces mi mano acaricia tu pelo, que parece un aletear de algo, algo intenso, como por ejemplo lluvia. Mi mano se enreda en tu pelo y entonces nos damos cuenta que nos equivocábamos en la lluvia porque olemos flores, mi mano suelta las flores de tu pelo como abriendo una jaula y a toda esta escena libre le sigue un mordisco. Dice Julio que te muerdo los labios y saben dulce, como azúcar y sonrisa y tu mano ahora refleja el dolor en mi nieve, el tibio dolor en mi nieve, que es mi pelo, y llega arriba y me toca. Toca lo que soy cuando nadie mira, toca lo que soy cuando nadie mira como tú me miras, tan cíclope, y entonces me desnuda, me desnuda poco a poco, con la velocidad de una hormiga, como quitándome la piel hasta que tu mano se siente segura y fuerte para penetrar en mi adentro y ver lo débil de mi, que es la persona y no el escritor. Entonces me besas más fuerte que nunca y dice Julio que nos ahogamos y es una breve muerte maravillosa.
Tu saliva se despide de tu boca en un viaje a la mía, y sabe a fruta madura, tal vez una manzana, tal vez nuestras bocas muerden a la vez la misma manzana, como esperando encontrarse a su término, como acabando la primavera, y cada vez el mordisco es más intenso y veloz, semejante a tu mano, a como baja tu mano desde arriba hasta mi abdomen y se vuelve casa debajo de mi ombligo y sentimos al fin la manzana en su parte más viva, o tal vez sea mi boca que ahora se ha convertido en la manzana que tú antes has mordido.
Siento en tu piel el breve temblor de una mariposa, siento como tiemblas con la piel de invierno, como derritiéndote porque tu mano ahora también tiembla por debajo de mi ombligo y tu lengua quiere más vida y entonces, entonces la sensación maravillosa de tenerte en la palma de mi mano, bailando como niña, haciendo círculos y piruetas debajo del manzano, que es mi boca, debajo de la sombra del manzano, que es mi beso y sientes el quiero invadir tu espacio como con guerra, entonces mi mano baja por tu pelo, tu espalda desnuda como un día de verano, acariciando como si fuese arena todo lo que es tu piel y ahora que mi mano está en tu cintura, siendo casa en tu cintura, tú vuelves a temblar más intenso y sentido y en un arrebato de juego tus dientes muerden mi labio o tal vez sea al revés y ya no nos distinguimos porque somos el cíclope desnudo de nuestras miradas.
Ahora yo soy la luna y tú eres el agua, dice Julio que yo soy la luna y tú eres el agua en el cual me reflejo sin apartar la boca de tu piel ni un instante por culpa de la sed, y mi mano ahora toca tu agua, y los peces están vivos en nuestra boca, cada vez arden más en nuestras bocas y tú llevas tu mano junto a la mía, a mojarse junto a la mía en el mismo agua, como un gesto fraternal, y juegan en círculos, hacen círculos como una niña en el patio, con ese baile vivo de círculos en tu agua. Mi mano hace lo mismo que la tuya y ambos acabamos mareados de tanto mirarnos, de tanto mirar como tu ahora separas tus labios aunque la piel rechace separarse del todo y sueltas en el aire un breve gimoteo haciéndome saber que ahora estás más viva que nunca, aunque tiembles, aunque yo te esté besado el cuello, lamiendo con mi lengua tu cuello que también me sabe a manzana. Cada vez el círculo es más círculo, más redondo y fuerte y nuestros dedos están empapados de la fuente de tu agua y ambos nos hacemos saber que estamos excitados por el acto de tocarnos y tú te tumbas sobre la cama porque quieres sentirme tumbado también al lado tuyo. Cierras los ojos y tal vez me sigas viendo, me sigas sintiendo en tu agua, haciendo círculos mientras tú tiemblas por el calor, te retuerces en la cama por culpa de mis dedos insomnes, despiertos, jugando en tu agua, y quieres sentir la luna más cerca, me haces saber que quieres sentir la luna más cerca y ahora la quieres adentro, me quieres adentro porque la mano tuya que me acompañaba en al agua, me toca a mí, me toca abajo y siento lo mojada, siento como tú tienes lo que quieres, que es la luna, alcanzas ahora la luna con mano firme y la hunden adentro tuya. Entonces tus manos en un gesto simultaneo se separan de tu cuerpo, van a mi nieve, que es mi cabello, y mi boca te muerde el hombro y la luna está en tu agua, estrellándose contra tu agua como un chapoteo de niño rabioso. Me lo haces pagar con tus uñas en mi espalda, dejándome el cráter de tu paso.
Te levantas y caminas por el cuarto hasta la ventana, estás desnuda y hermosa y yo te miro como con sinfonía, como con música y te inclinas sobre el marco y separas las puertecillas de la ventana en dos, como invitando a que entren todos y a estar nosotros solos. Me miras de reojo como diciendo ven a sentir, ven a sentir la luna que ahora siento en mi cara mientras tus dedos están en el agua otra vez y mi piel se junta con la tuya y me mojas la mano y me sientes dentro tuya de nuevo y los dos sentimos como la luna nos golpea ahora en la cara mientras el agua baila y los peces son de colores y vivos porque estoy dentro de ti y tu gimes mirando a la luna en un gesto romántico. Tu agua se vuelve caliente y honda, y ahora mismo tu mano está en el centro del lago, y yo dentro de tu agua, pero tu mano redondea el lago con movimientos bruscos y rápidos, en su centro, causando un torbellino de placer y sentimos los peces moverse dentro.
Cada vez tus dedos causan mayor revuelo, cada vez estás más excitada y caliente en tu agua y ahora yo quiero mirarte, me voy a quedar aquí junto a la ventana, mirando a la luna y mirándote a ti mientras estás tumbada en la cama siendo torbellino y me miras como queriendo decirme ojalá te ahogues en mi agua, ojalá fueras la luna, ojalá todo este tiempo hayas sido la luna y yo el lago, y te reflejes en mi, en mis ojos, ahora cerrados, y te masturbas como quien tiene la razón de que yo soy la luna y tu el agua y te miro.

Cuento: Conversación acerca del capítulo 7 de Rayuela – Miguel Gane