Poesía

BAILANDO COMO SÓLO ELLA SABE BAILAR

BAILANDO COMO SÓLO ELLA SABE BAILAR

Lo vio entre la multitud, solo, o quizás acompañado, no lo sabe aún porque ella sólo lo veía a él. Lo miró y comenzó a soñar.
Soñaba que él también la miraba y justo en ese instante empezó a confundir los sueños con la realidad.

Apareció en el momento justo, o en el momento inadecuado, tampoco lo sabe, pero apareció; lo encontró cuando no buscaba a nadie, cuando lo único que quería era encontrarse consigo misma.

Él se convirtió en su ilusión, lo imaginó perfecto. Esperaba cada viernes impaciente con el delirio de verlo; a veces sucedía, a veces no. Lo había esbozado tanto, llevaba tanto tiempo pensándolo, estaba tan convencida que era él, que confió su suerte al destino.

Maldito destino… un mes, dos, tres,… y dejó de pensar en él, dejó de existir para ella.

Bendito destino… lo vio entre la multitud, solo, o quizás acompañado, no lo sabe aún porque ella sólo lo veía a él. Lo miró y, de nuevo, comenzó a soñar, de nuevo empezó a desearlo.

¿Confiar otra vez en el destino? No. Esta vez la suerte dependería de ella, esta vez se atrevería.

Hablaba de él. De sus labios salía un nombre ficticio que ella inventó. Lo echaba en falta sin conocerlo, lo idealizaba sin haberlo tocado. Se imaginaba con él, nada en general o todo en particular.

Pero no, no era como ella soñó, su imaginación nunca fue su fuerte y, por más perfecto que lo ideó, la realidad le superó:

Ella sólo quería un pos-it con un “te quiero”, él le regalaba poesías.

Ella sólo quería una canción, él le regalaba conciertos.

Ella sólo quería palabras bonitas, él le regalaba su voz.

Hoy, hoy no diferencia lo real de lo inventado pero eso le da igual porque desde aquella tarde invernal, hoy y todos los días, ella los empieza bailando frente al espejo, bailando como bailan las flores a merced del viento, bailando como sólo ella sabe bailar a merced de él.

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