Poesía

Ese soy yo: Su amigo, su amor, su amante

Ese soy yo Su amigo, su amor, su amante

Su amigo, su amor, su amante.

Su amigo, su amor, su amante,
¡ese soy yo! Su perdición,
el que roba los besos,
el que sustrae caricias,
las que quedaron sin dueño,
cuando tú la abandonaste,
botada en el limbo, la olvidaste.

Mi amigo, usted perdió la guerra,
en la metralla del amor,
hay que saber ser soldado del amor,
tú me odias sin quererlo,
me envidias sin desearlo,
¡Sí! Lo acepto, soy un canalla.

Canalla, el que toma lo que hay,
sin dar cuentas a la vida,
tomo lo que olvidan,
lo que descuidan,
lo que no atienden,
lo que no quieren,
lo que llega por error.

¿Soy su amante?

¡No! Su amor,
su perdición, su pasión,
su romance, en noches sin sueño,
quien la lleva por senderos,
a volar por el firmamento,
por nuevos cielos, con caricias plenas,
soy quien hace poesía de su cuerpo,
el que espera más que un simple beso,
dando rienda suelta a los excesos,
a mil y una noche de romance, de pasión.

¿Su amor? ¡Sí! ¡Ese soy yo! Su amante,
su lugar en el cielo, en el paraíso,
dueño y señor, de sus pensamientos,
de sus sueños y de sus encantos,
amo de su cuerpo, de sus besos,
sus caricias, las que tú… Olvidaste.

Lo sé soy ese hombre que odias,
él que está siempre para ella,
ella, que pide que la quieran,
en silencio yo! La protejo,
la consuelo en sus penas,
seco las lágrimas, su llanto,
el que tú le provocas, y ¿tú?
Me juzgas, ¡si tú supieras!
Que abogó para que no te dejé,
le hablo, pido que te perdone,
que tú volverás más amoroso,
cómo un verdadero hombre,
aunque ni yo mismo lo crea.

Lo sé me odias, sin quererlo,
me envidias, sin desearlo,
tienes envidia de mis besos,
tienes celos de mis manos,
las que limpian sus heridas,
las que le hacen mil caricias,
todas ellas sin pizca de malicia,
porque a ella, si! A ella yo la amo,
más no quiero lastimarla,
ponerla en una encrucijada,
guardaré mi adoración,
para no alejarme, ni irme de su lado.

¿Tú no sabes?

No entiendes de respetó,
tú te ufanas de sus besos, sus caricias,
presumes alardeas, que la tomas,
que ella por ti, la dama sé muere,
más no cuentas que la engañas,
que andas de cama en cama,
derrochando besos y caricias,
que son para ese ángel,
tú, sí que eres un gran canalla,
cínico descarado, sin remedio,
tú la celas y la recelas sin descanso,
aunque tú no la quieras a tu lado,
la tienes! Sólo para sentirte más hombre,
para mí, la verdad sólo eres un pobre desgraciado…

Autor: Fabrizio Lemus.