Poesía

La “esposa” perfecta

Nuestra relación era estable y sincera

Perfecta

Me escondí en el velo
de la esposa perfecta,
me condene a vivir una
vida vacía y ser solo un adorno más
que se lucía.
Fui la esposa perfecta, la que
siempre estaba dispuesta, la que
no discutía, la que nunca nada ocultaba
La que criaba sus hijos y
todos lo admiraban, la que se
quedo en casa aun cuando
sus hijos iban creciendo
y no ocupaban
de su tiempo y así la vida
se le iba yendo.
Fui la esposa perfecta,
la que nunca se
descuido y siempre tenía
un buen olor,
la que servía la mesa y todos
a su alrededor
halagaban por el buen
sabor con el que ella cocinaba.
La que organizaba las mejores
cenas de navidad, y en casa no
hubo nada que reprochar.
Fui la esposa perfecta aun cuando
intente decirle que la rutina me ahogaba.
Fui la esposa perfecta, la mujer
que él no quería pero si necesitaba.

¿Ahora te preguntas que por qué cambie?

Me cansaron tus llegadas tardes,
tu indiferencia solo eran filosos
cuchillos que mi alma desgarraban.
Me canso escucharte decir que mi piel ya no era hermosa y que necesita comprar más cremas que desvanecieran las extrillas que tenía mi vientre, que debería de hacer más ejercicio y sonreír frente a la gente
Me asqueo oírte decir que me estaba poniendo vieja, cuando mis mejores años te entregué.
Me canse de los besos que por compromiso me dabas frente a tus amigos, cuando a solas apenas me mirabas.
Lo de mis años, eso es algo que no puedo detener y a decir verdad mis años me han hecho ver
que aunque a tu lado malgaste mi tiempo me regalaste dos hijos hermosos por los que valió la pena los años que te regalé.
Ahora dices que no fui perfecta, porque fui yo la que me cansé y dices tú que te falle, cuando me gustaría que analizaras ¿quién le fallo a quién?
Pero que equivocado estás esposo mío al decir que te falle, a lo que tú llamas fallo fue quien me hizo ver que mi tiempo no fue mal invertido, y que yo no valgo por lo que tengo ni por lo que tendré, que valgo por ser mujer.
Si mujer, que vibra y sueña y que en una tarde de otoño en sus brazos me entregue.
La que después de muchos años otra vez se sintió mujer, la que no le avergüenza decir que no te necesita para nada y que te perdona por los años que no supiste merecer.

Autor: Ana Soriano
Fotografía de wenkui xiao

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