Poesía

Los lunares de tu espalda

Los lunares de tu espalda.

Tenía la espalda tatuada de lunares, y yo…
Bueno, yo disfrutaba contándolos durante toda la noche.
Yo jugaba con sus lunares uniéndolos en una línea.
Ella decía que no era justo tener que encariñarse de
gente que más tarde o más temprano va a desaparecer.
Yo la miraba con ternura como si la mujer que me follé anoche
hubiera amanecido como una niña pequeña a la que le han quitado su juguete favorito.

Todo el mundo acaba marchándose,
ella decía que cada vez que alguien desaparecía dejaba rastro en su piel
y que cada lunar no son más que puntos de las personas que han ido pasando por su vida.
Ella decía que la vida es una línea y que la línea está hecha de diminutos puntos,
como un abrir y cerrar de ojos.
Yo la miré, y la vi llena de lunares que fui besando uno a uno.
Tenía uno justo detrás de la rodilla que con rozarlo le daba la risa.
Otro justo debajo del lagrimal del ojo, también tenía uno debajo del pecho.
Y tenía otro justo debajo del ombligo, ese aun duele, susurraba mientras lo besaba.
Somos puntos en la vida de algún alguien lleno de lunares.

Ella sabía que todo acaba desapareciendo.

Primero duele,
para qué vamos a mentir,
pero después ves ese lunar que te trae recuerdos, recuerdos de tiempos que
en tu memoria parecen presentes
y ahí es cuando por fin ves el punto que formará parte de la línea de tu vida.
Yo acabaré desapareciendo de su vida, y aparecerá un nuevo lunar.
No sé cuánto tardará, tal vez un año, tal vez siete o quizá treinta.
Pero cuando aparezca en su espalda o en su pequeña
cintura solo podré darle las gracias por dejarme formar parte de esos puntos suspensivos.

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