Poesía

Me gusta que se venga en mi boca.

Me gusta que se venga en mi boca.
No sé si es una manía o un vicio pero
me encanta que ella se venga en mi boca.
La conozco tan bien que no hace falta
preguntarle si ya sucederá, si ya explotará; 
conozco tan bien a mi hembra que basta
con observarla para saberla, para saberlo;
me la he pasado estudiando todo de ella
que cuando me ve como si estuviera
sufriendo es porque ya sucederá; si
estruja las sábanas o se aferra a mi
espalda es porque ya sucederá; si los
jadeos se le salen como si fuera el último
soplo de vida es porque ya sucederá; si
estira los pies como una bailarina y su
cuerpo se le retuerce cual víbora infernal
es porque ya sucederá; si estira su cuello
y cierra los ojos es porque ya sucederá;
si levanta su cadera y abre las piernas
es porque ya sucederá, es porque me
invita a sus jugos tomar. Pongo sus
ingles en mi cuello y me pego a ella
como si ese fuera el único medio vital,
y ella me toma del pelo, y me encarna
más a su carne, y pego mis labios a los
suyos, porque sabe que de eso vivo, que
su miel es mi alimento y su entrepierna
mi delirio; y se mueve como una maldita
loca mientras yo absorbo su vida hasta
la última gota, hasta que el último temblor
pase, hasta que abra sus garras y me libere
de ese viaje.
Por eso me encanta que se venga en mi boca.
No sé si es una manía o un vicio pero
me encanta que ella se venga en mi boca;
sé que también a ella le gusta,
sé que también la vuelve loca.

Al final le beso los labios para
dejarla satisfecha;
después la boca, para que sepa
de qué está hecha.

Autor: Gustavo Jair Hernández