Poesía

Mi fracaso con él

Mi fracaso con él

MI FRACASO

Mi fracaso como amante. Siempre regresaba a él, era mi pecado favorito, mi pase directo al infierno y me gustaba demasiado incendiarme a su lado; alcanzaba con que me llamara para que yo acudiera, para que yo asistiera al secreto más intenso de mi vida.

Yo era otra mujer con él y no sé por qué, pero solo me bastaba que se me acercara, que sintiera su respiración en mi cuello, que con su dedo índice transitara suavemente la curva de mi espalda, para que yo me entregara a sus deseos.

Con él vivía y hacía lo que con nadie, era ese momento el momento para ser, no había culpas ni arrepentimientos; era un si constante a todos sus caprichos, a todas sus peticiones, no existía ni un rincón de nuestros cuerpos que no hubiera sido explorado y degustado, no había espacio inmaculado, no había lugar en esa casa que no nos viera juntos entregándonos, que no nos oyera desesperados gimiendo y suplicantes pidiéndonos más.
Yo lo besaba, lo hacía mío, lo bebía y me embriagaba de lujuria como si no lo volviera a ver jamás, como si siempre fuera ese el último encuentro.

Él me hacía suya, era mi amo, yo solo obedecía, todo era un juego de niños grandes y carenciados, de amantes fugaces pero profundos; él era mi dueño y yo su esclava, le pertenecía entera, sin privaciones, totalmente.
Todo hasta que el amor fue el cuarto en discordia, y no supe cómo frenarlo.

Era un juego sí, pero yo una mala jugadora, toda mi estrategia se veía afectada por su voz, por sus brazos que me abrazaban al terminar, por algún te amo que se le escapaba de vez en cuando.

Yo perdía, cuando al final me quedaba acostada a su lado, cuando lo miraba sonreír y se me iluminaba la vida, cuando me vestía para irme mientras él me pedía que me quedara, yo perdía cuando le decía adiós y dejaba que el corazón se me estrujara, cuando mantenía encendido su recuerdo, cuando empecé a entender que me había enamorado.
Yo perdí, fui un fracaso y desde que comencé a necesitarlo no he vuelto a ver sus ojos nunca más.
Lo extraño infinidades.

Autor: Amy Rodríguez

Fotografía de Danielle Dolson
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