Poesía

No me enamoré de tus ojos, sino de la ternura

No me enamoré de tus ojos, sino de la ternura, la pasión, el deseo, con que me mirabas a través de ellos. Por eso los amo, por eso te amo. No me enamoré de tus labios, sino de la forma como dibujabas con ellos palabras, música, sentimientos, para mí. Por eso los amo, por eso te amo. No me enamoré de tus manos, de tus dedos delicados, sino del calor, la emoción, la vida, que me transmitías a través de ellos cuando me acariciabas. Por eso amo tus manos, por eso te amo. No me enamoré de tu piel, sino de la forma perfecta en que se adaptaba a mi piel, del sudor que compartía con la mía cuando nos fundíamos en uno solo, de la metamorfosis de sus poros erizados cuando respondían a mis caricias. Por eso la amo, por eso te amo. No me enamoré de tu sexo, sino de la manera cálida y húmeda en que me envolvías y me transportabas a lugares imposibles, a sensaciones inefables cuando nos amábamos sin fin. Por eso lo amo, por eso te amo. No me enamoré, entonces, del momento, de la forma, de todo aquello que es efímero, material, sino de la esencia, de ti, de quien eres, sobre todo de quien eras para mí, conmigo. Por eso no dejé de amarte, por eso te amo aún, aunque lo hayas olvidado, aunque hayas aprendido a vivir sin mí.

Autor: Poesía Erótica

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