Poesía

Recorrí los lunares de su espalda haciendo zig-zag.

Recorrí sus lunares

Recorrí los lunares de su espalda haciendo zig-zag.
Admiraba cada uno de los poros de su piel.
Sentía una gran satisfacción por tenerle aquí. Conmigo.
Mientras yo seguía perdida en mis pensamientos, él despertó…
-Buenos días – susurró con la voz ronca, esa que me enloquecía.
Me limité a regalarle mi mejor sonrisa mañanera y recostarme de nuevo a su lado.
-El mejor sitio del mundo- confesé.
No respondió, pero no obstante acercó su mano a mi rostro,
y con el dedo índice fue trazando círculos en mi mejilla.
Los párpados me empezaron a pesar y el sueño quería volver a apresarme…
¿Cómo podía dormir tanto?
-No quiero que te vayas ¿si?- pude oírme decir antes de que quede profundamente dormida.
-Algún día tendré que irme.
Como todos. Aún que te confieso que me da miedo,
que me encantaría permanecer aquí a tu lado para siempre…
Pero… Ya no se puede. Todo acabó.

Abrí los ojos de golpe y algo se apoderó de mí corazón.
Dolor.
Miré a los lados de mi cama y noté el vacío que desprendía su ausencia.
-No puede ser…
Me levanté y recorrí la casa en su busca.
No podía asimilar que simplemente fue un sueño.
Paré en la cocina y ahí estaba.
Dándome la espalda mientras cocinaba algo.
Corrí hacia él y lo aprisioné con un gran abrazo por detrás. Entonces se giró:
-Buenos días- dijo.
Y… No, no era él.

Autor: Samira T.

Quizás también esto podría interesarte:
Las cosas más simple de la vida
Mira a tu alrededor