Poesía

Recuerdo el sabor de sus labios

Recuerdo el sabor de sus labios

Recuerdo de él

Recuerdo perfectamente el sabor de sus labios, cada vez que los besaba era el mismo sabor, es dulce y amargo sabor a cigarro. Jamás había besado a un chico con barba, él fue el primero y fue realmente maravilloso.

Me gustaba mirar sus ojos, eran unos ojos grandes color miel con unas pestañas que le daban ese toque hermoso a una cara tan ruda, esos ojos que llegan a tener el más grande brillo de dulzura pero que hacen que su mirada luzca la más seductora.

Me gustaba dormir con él, besarle, acariciarle, hacer con él lo que con ningún otro hice nunca, le dejaba ver mis más grandes habilidades pero aún más mis más grandes defectos.
Era maravilloso tener sexo con él porque sabía que haría lo posible por satisfacer todos y cada uno de mis deseos, sabía que daría todo de si por darme placer y hacerme llegar a más de un orgasmo por encuentro, así como yo trataba a satisfacerlo en cada aspecto que podía.

Después de terminar, yo me recostaba sobre su pecho o él se acostaba sobre mi espalda y comenzábamos a hablar de la vida, eran de esas conversaciones en en donde comienzas con una anécdota y terminas hablando del porqué de las cosas, esas conversaciones que enriquecen tu vida y tu alma.
Eran buenos días pero sabía que siempre al caer la tarde tenía que marcharme.
Y no saber hasta que otro día lo vería de nuevo.

Era la única en su vida pero no en su corazón

Tenía decepciones con la cuales jamás se sintió listo para tener más.
Sin embargo, para mí lo que teníamos era suficiente y jamás pedí más porque lo que con él tenía era mucho más de lo que con cualquier hombre puede tener jamás.
Y después me enamore…
Sí ese fue mi final, sabía que él me quería como amiga, como mujer, sabía que quería mi alma, mi cuerpo y mi esencia pero que jamás me amaría. Sí, yo lo sabía.

Ahora ese recuerdo del sabor de sus labios me atormenta, fui demasiado cobarde para quedarme y arriesgarme a amarlo, sé que él es Feliz lo sé porque él siempre era feliz, ese es el único consuelo que me queda.
Pero a pesar de todo sé que así como yo recuerdo el sabor de sus labios el recuerda cada sonrisa que provocó en mí.

Autor: María Díaz Martínez
Fotografía: Filipe Almeida
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