Poesía

Si yo me casara, no habría boda

Si yo

Si yo me casara, no habría boda.

No habría bautizo exprés para contentar a la abuela.

No habría Iglesia, porque a mí la Iglesia me desea los siete males.

No habría invitaciones a primos a los que nunca he visto.

No habría despedida de soltero porque nada se va.

No habría pollas en la cabeza de plástico que me recordaran todo lo que me voy a perder ni strippers que oliesen a aceite de Hawaiian Tropic.

No habría etiqueta, ni corbatas, ni tacones, ni maquillaje, ni brillos, solo camisetas favoritas con agujeros y números gigantes, con Epi desteñido y Blas sin orejas.

No habría regalos como exprimidores de zumo de naranja ni ingresos en bancos de amigos que demuestren su aprecio según lo que estén dispuestos a gastarse en ti.

No habría un menú que evidenciara que nos va bien en la vida porque las berenjenas van sobre su camita.

No se cortarían nunca flores para un centro de mesa.

No habría tarta, ni espada, ni brindis con las manos cruzadas mientras todos graban.

No habrías fotos, ni móviles, porque la presencia real no entiende de tecnología.

No habría promesas de fidelidad en la salud y la enfermedad.

Los votos serían otros y no se pronunciarían nunca en público: Puedes bajarme el pantalón cuando quieras, te dejo escuchar mis listas del Spotify y no tienes que pedirme permiso para comerte la última pera de la cesta de la fruta.

Mientras nos dure.

No habría protocolo y estarían invitados todos los hombres que me abrazaron más de una noche para poder darles las gracias por ahuyentarme de la muerte.

No habría alianzas y solo le pondríamos el nombre del otro a una arruga en la cara que todavía no nos hubiera salido. Ahí, debajo de la cuarta peca, entre el poro nº 134 y el nº 178, ahí estará para siempre.

No habría vals porque el vals no lo puede bailar cualquiera.

No habría noche de bodas con no molestar porque ya nos
habríamos molestado más de dos o tres veces durante el día y de noche solo querríamos ver con el resto “El resplandor” y taparnos los ojos cuando aparecen las gemelas.

No habría luna de miel ni viaje de novios a las Islas Canarias, solo besos de buenos días y una entrada doble para el teatro.

Si yo me casara, sería para celebrar la vida con aquellos que sí, por ahora.

Para recordar a los que ya no.

Para joder a los que pensaron que nunca.

Y para abrazar a los que siempre.

Autor: Roy Galán

Fotografia: Pinterest.com

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