Poesía

Y aprendí a no perseguir lo que deseaba

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Me enseñaron a avergonzarme de mi cuerpo,
de mis actos, de mis pensamientos.
Me enseñaron que lo que pienso es absurdo,
que lo que hago es ridículo, que lo que deseo es sucio.
Y aprendí a no decir lo que pensaba,
por vergüenza a que alguien de mi alrededor pensara algo mejor.
Y aprendí a no hacer lo que me apetecía,
por vergüenza a que alguien de mi alrededor creyera que era inoportuno.
Y aprendí a no perseguir lo que deseaba,
por vergüenza a que alguien de mi alrededor opinara que era inapropiado.
No contenta con someterme a la mirada externa,
me plegué también a la vergüenza ajena.
Y aprendí a preguntarle a la vergüenza cómo vestirme,
no vaya a ser que alguien pensara que voy buscando destacar.
Y aprendí a escuchar a la vergüenza al desnudarme,
no vaya a ser que me sintiera cómoda con mi cuerpo y me acostumbrara a enseñarlo sin miedo.
Y aprendí a consultar con la vergüenza antes de abrir la boca,
no vaya a ser que dijera sin filtro lo que me pasa por la cabeza y se enterara la gente.
Y dejé de bailar, de reír a carcajadas, de preguntar lo que no entiendo,
de opinar lo que pienso, de compartir lo que siento, de pedir ayuda,
de ponerme faldas, de ir a la playa, de comer o llorar en la calle,
de ir sin sujetador, de pintarme, de salir sin pintar, de bajar a la calle despeinada,
de follar en cualquier sitio que me apeteciese, de usar esa ropa que dicen que no me pega nada,
de llamar a quien echo de menos, de tomar la iniciativa,
de decir que no, de decir que sí,
de quejarme, de vanagloriarme, de estar orgullosa,
de admitir que estoy asustada.
Y, a base de sentirme cada día más avergonzada,
entendí que mi vergüenza nunca iba a sentirse saciada.
Que toda la vida iba a imponerse entre yo y mi representante impostada.
Así que busqué a mi sinvergüenza interna.
Y le costó salir un poco, le daba vergüenza…
Pero acabó sacándome a bailar, haciéndome dúo al cantar,
saliendo conmigo a la calle con la cara sin lavar,
animándome a hablar, a ignorar las cosas que me deberían avergonzar…
Y ahora no tengo tiempo para sentir vergüenza.
Estoy ocupada viviendo.

Autor:  desconocido

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